Gerard Barron lleva una roca de color negro -del tamaño de la palma de su mano- de la que asegura que "es el futuro. Aquí están todos los metales que necesitamos". Este empresario australiano está convencido de que estas rocas, que se han formado durante millones de años en el fondo de los océanos, contribuirán a satisfacer la creciente demanda de metales que se utilizan en las baterías de móviles y coches eléctricos. En su opinión, estos recursos serán de vital importancia en una transición que acabará prescindiendo de los combustibles fósiles. Con un tamaño inferior a los 20 centímetros, los llamados nódulos pueden contener níquel, manganeso, cobre y cobalto -todos los metales cuya demanda se disparará en la próxima década. La start up de Barron, DeepGreen, que cuenta con el respaldo del grupo Maersk -la empresa de transporte de contenedores más grande del mundo- y de la minera suiza Glencore, tiene un plan para extraer miles de toneladas de nódulos del fond...